En los mas profundo, allí puedes verme. No podremos hablar,
ya no hablo me he quitado la voz, de nada sirve en este lugar, sociedad, mundo, este inmundo entorno. Nadie escucha, nadie entiende.

No quiero escuchar mas palabras de los humanos dispersados en este campo que me toca ocupar.
Idiotez tras idiotez, por definición, somos humanos, todos tenemos un nivel de idiotez que nos identifica, en algunos es total.
Quizá yo sea el peor de todos lo imbéciles pisando esta tierra, ya que trato de buscar un indicio de cordura, de inteligencia en estos seres que me rodean.

Malditas actividades sociales que me obligan a mezclarme, tengo opción, y desaparecer.
Abuso de esa opción.
A punto de dejar que la libertad se desvanezca, estoy escribiendo algunas de las cosas que me pasan por la cabeza, no las pienso, aparecen a medida que escribo.
Aquí sentado, solo, como banda sonora el ruido de la calle, y los que la noche trae consigo.

Estoy cansado, aun queda una obligación mas, una cena mas, saldré una vez mas a la noche y luego de esta ultima vez, esconderme en un circulo brillante, que me remite a los tiempos mas antiguos, en donde los esclavos eran marcados, quemados, o simplemente arrastraban por siempre su grillete, hasta el fin de los días en soleados campos de tabaco.

Somos trogloditas del siglo XXI, somos los simios de la tecnología, cobayos.

La libertad es una idea, un concepto, de alguna manera u otra, somos esclavos, estamos atados a algo. Una idea, un objeto, un ser.

Cuantas veces debe renacer el fénix para entender que ha muerto.

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